44. La Democracia Griega Está Sobrevalorada

Autor: Sr. Coperfield


Normalmente se tiene una imagen idealizada en cuanto a la participación política del ciudadano ateniense de los siglos V y VI a.C.

Se cree que estos sacrificaban todo por la polis y subordinaban al bien común sus intereses privados. Que los motivos por los cuales se dedicaban a la política eran de los más nobles y prácticamente vivían “LA” democracia.

No obstante, Robert Dahl, en La Democracia y sus críticos (1992) señala:

“El ideal democrático descrito por nuestro hipotético ateniense es una visión política tan enaltecedora y encantadora que difícilmente un demócrata moderno dejaría de sentirse atraído por ella. Según esta visión griega de la democracia, el ciudadano es un ser total para para quien la política constituye una actividad social natural, no separada del resto de la vida por una nítida línea demarcatoria, y para quien el gobierno y el Estado (o más bien la polis) no son entidades remotas y ajenas, sino que la vida política es una extensión armoniosa de sí mismo” (:27)

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La imagen de la participación ateniense pierde su encanto cuando se reconoce el  hecho de que sólo  los ciudadanos tenían el derecho de asistir a la Asamblea. Los metecos y los esclavos, los cuales constituían la mayoría de la población, se encontraban excluidos.

Como señala Del Rosario (2005) en la antigüedad la mayoría abrumadora de los hombres estaba constituida por los pobres y esclavos; está calculado que dos tercios de la antigua humanidad eran, precisamente, esclavos. Algo similar ocurría en Grecia. Se ha estimado que de los 400,000 habitantes que tenía el Atica en el siglo V a. de C., la mitad eran esclavos; ellos constituían la fuerza esencial de aquella sociedad (:12).

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Por otra parte los atenienses tendían a priorizar sus intereses personales en vez del bien común. Dentro de la Asamblea existían facciones clientelares unidas por intereses sectoriales.

Al igual que hoy en día, prácticamente solo una minoría se involucraba en lo público y cuando se lograba participar directamente en la arena política el bien común no siempre era la regla.

No obstante, a pesar de que en la práctica las cosas sucedieran de otra manera, este ideal de participación ciudadana postulaba que el ser miembro de la polis suponía formar parte activa de la comunidad política. Para Aristóteles, según Horrach (2009), el ciudadano se definía por su participación en la administración de justicia y no por su lugar de residencia (:5)

Aristóteles también relacionó directamente la libertad con la participación activa de los ciudadanos en la vida pública. Ser libre significaba participar en la política. Los metecos, por ejemplo, no podían participar en la Asamblea porque no eran considerados ciudadanos aunque hubieran residido años en la polis.

Hoy en día la situación de la participación ciudadana en lo política no cambio mucho. De hecho según muchos autores ésta empeoró.

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COCLUSIÓN

  • Tanto la democracia como la participación ciudadana de los antiguos griegos son constantemente idealizadas. La idea romántica de que en los antiguos atenienses vivían en una democracia perfecta donde todos participaban en la política y siempre se velaba por el bien común no es del todo correcta.

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